¿Sufres mucho?

Me fue preguntado si sufro mucho. ¿Qué responder? Pues que no, por supuesto. Y es que realmente no sufro mucho; lo que ocurre es que mi pequeño sufrimiento no lo sufro por los canales habituales.

La primera causa de sufrimiento: la inefabilidad del mismo. ¿Y cómo describir el sufrimiento si no puedo siquiera entender cómo me siento? Y vamos: me parece que mi pequeño sufrimiento es en general importante para otros sólo en la medida en que es patente y un factor de incomodidad.

La segunda causa del sufrimiento: el carácter inercial del ánimo. Ante la falta de estímulos el ánimo tiende a mantenerse en su estado. Y eso, a la larga, se vuelve un estímulo, de los de mal olor.

La tercera causa del sufrimiento: la falsedad del mismo. No se sufre, se cree que se sufre. El sufrimiento es una forma de enraizar en la tierra de la humanidad. Revalida la importancia de los propios sentimientos, humaniza. Así que sufrir es bueno, o lo sería si fuera auténtico. ¿O no? ¡Oh, qué confusión!

Así que a la pregunta (auténtica o no) sobre mi sufrimiento, la mejor respuesta que tengo es «no lo sé». Ces’t la vie!

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