«Trivialidades» de la integración (2ª parte)

Ahora tengo claro que no vale la pena tratar de integrarme al nivel que originalmente tenía pensado. Creo y siento que mi extranjería es una condición de privilegio.

El viernes pasado (madrugada de sábado, para ser más exacto), al salir de un antro (uno llamado «in situ»), y preocupado porque un compañero que venía con nosotros no salía, decidí tratar de entrar nuevamente, para buscarlo en el baño. Pues jamás conseguí que siquiera me abrieran la puerta. Cuando me di cuenta de que las señas eran inútiles, comencé a tocar la ventanilla de la puerta con los nudillos. Cuando finalmente decidieron abrir la puerta, fue sólo para que un portero me gritara: «vete a tu país», «campeón: tú eres mi campeón», «aquí tenemos leyes, ¿entiendes eso?», «yo estoy en mi país: tú vete al tuyo» y algunas otras frases de la misma suerte.

No me voy a ir de España por ese incidente, pero ciertamente las ideas no se hicieron esperar. Tengo que reconocer que más tarde otro portero, evidentemente más dueño de sí mismo que el primero, inclusive me pidió disculpas. Pero era tarde para evitar que yo notara los efectos de mi naturaleza extranjera en algunos segmentos de la población. Es claro que mi insistencia (que no pude explicar a tiempo por la negativa a escucharme) sirvió para abrir la puerta del resentimiento de un español contra un mexicano.

He dejado de intentarlo. La duda ha desaparecido. Algún día, si nada lo impide, seré español: es cierto. Pero no será por medio de mi lenguaje, de mis maneras, de mis costumbres, que lo haga. Culturalmente, parece que siempre tendré más rasgos mexicanos que españoles.

Me preguntaba yo si era preferible sentirse ridículo o derrotado. Ridículo por adaptarme sólo parcialmente a la forma de ser española, o derrotado por no hacerlo en absoluto.

Pues bien: hoy no me siento ya ridículo ni derrotado. Me siento contento, auténtico, mexicano como soy, rodeado de españoles.

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  1. #1 by Guillermo Espinosa on November 15, 2007 - 05:33

    muy querido bruno,

    ya decía yo que habría muchas cosas que podrías comentarnos luego de un año en España. Mis hijos también han tenido que enfrentar muestras de discriminación en Holanda. Es interesante ver cómo es que la gente común no se da cuenta de por qué es que hay migración hacia los países europeos: necesitan la migración.

    recuerdo que un día subí a un autobús urbano en La Haya por la puerta de enmedio, porque ya se me iba, y el chofer me regañó porque la entrada es por la puerta de adelante, mientras dejaba parado el autobús, en un tono de ‘pinches inmigrantes que no conocen las reglas de Holanda’; lo dejé hablar; cuando terminó le dije que como turista no tenía por qué saber las reglas de allí, que yo me iba en dos díás, que no tendría tiempo de aprenderlas, y que él le estaba quitando el tiempo a todos los pasajeros por una tontería, le indiqué que me cobrara el pasaje y que nos fuéramos. El chofer reaccionó, dijo ‘es verdad’, me cobró mi pasaje, y nos fuimos sin que el chofer me volviera a decir una sola palabra.

  2. #2 by SanGatiche on November 15, 2007 - 23:02

    Estimado Br00n1x:

    Me atrevo a comentar 2 experiencias personales similares y quizá opuestas a las tuyas:

    * Los Angeles, CA, Gringolandia, 1988:

    Hago señal de parada al autobús urbano para ir a no-recuerdo-dónde. Acostumbrado como estaba al protocolo de “súbete rápido o te quedas abajo”, no esperé a que el susodicho se detuviera por completo. Por el contrario, aprovechando la puerta abierta, me agarré del pasamanos y me impulsé para subir como siempre lo había hecho en mi tierra natal.

    La conductora se espantó, frenó en seco y sólo alcanzó a gritarme con voz curiosamente monótona: “Next time, please wait until the bus has completely stopped before boarding. OK?”.

    ¡Quien lo diría! Hay gente que sabe que su trabajo consiste en transportar personas de un lado a otro, no torturarlos y someterlos a su capricho neurótico momentáneo por prisas con orígenes inimaginables.

    * Los Angeles, CA, Gringolandia, 1993:

    Para estas fechas, ya sabía subirme al autobús como los locales🙂
    Estaba yo sin meterme con nadie cuando un pequeño bache hizo que todos brincáramos. El conductor se disculpó y continuó en lo suyo, pero una de las personas que estaban cerca de mí tuvo a bien pisarme. No fue doloroso, y en mi tierra uno está más que acostumbrado a lidiar con espacios reducidos y sobrecupo de pasaje.

    Lo sorprendente fue que, sin pensarlo, esa persona se volteó hacia donde yo estaba y se disculpó por haberme pisado. Tardé varios segundos en reaccionar, pero finalmente sonreí y le dije que no había problema.

    ¿Cuando fue que perdimos nosotros gestos de cordialidad tan elementales como ése?

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